Tecno - CURIOSIDADES

Los errores más costosos de la historia de la informática

Algunos de los errores informáticos más caros de la historia no fueron obra de hackers ni de sabotajes sofisticados: fueron consecuencia de un guion mal escrito, un sensor mal calibrado o una cifra introducida en las unidades equivocadas. Los errores informaticos historia costes llevan décadas demostrando que el fallo humano y el técnico van siempre de la mano, y que las consecuencias pueden medirse en vidas, en millones o en misiones espaciales perdidas para siempre.

errores informaticos historia costes

Lo que tienen en común estos casos es que casi todos eran evitables. Auditorías que no se hicieron, pruebas que se saltaron por presión de calendario, avisos que se ignoraron porque nadie quería parar la producción. La historia de la informática tiene muchas páginas brillantes, pero también tiene estas: las del error que nadie vio venir o, peor, el que sí se vio y no se corrigió.

¿Cuánto puede costar un error de software?

Un error de software puede costar desde unos pocos miles de euros hasta miles de millones, dependiendo del sistema afectado. El caso más citado por su impacto económico directo es el del fallo en el sistema de Knight Capital Group, la firma de trading estadounidense que en agosto de 2012 perdió 440 millones de dólares en 45 minutos. El culpable fue un fragmento de código antiguo que nadie había desactivado correctamente durante una actualización. En menos de una hora, la empresa quedó al borde de la quiebra y acabó siendo absorbida por un competidor.

Otro caso que suele subestimarse es el del fallo del cohete Ariane 5 en 1996. La Agencia Espacial Europea perdió el cohete, su carga y alrededor de 370 millones de dólares en el vuelo inaugural. La causa fue un desbordamiento de entero: el software intentó convertir un número de 64 bits a un formato de 16 bits sin comprobar si cabía. El código había funcionado perfectamente en el Ariane 4, pero el Ariane 5 era más rápido y generaba valores distintos. Nadie lo había verificado en el nuevo contexto.

El coste de un error informático también puede ser indirecto. Cuando Amazon Web Services sufrió una interrupción en febrero de 2017, empresas de medio mundo se quedaron sin sus servicios durante varias horas. Las estimaciones de pérdidas para las empresas del índice S&P 500 que dependían de esa infraestructura rondaron los 150 millones de dólares, aunque la causa fue un error tipográfico de un ingeniero durante una operación de mantenimiento rutinaria: escribió mal un comando y borró más servidores de los que debía.

¿Qué errores informáticos han costado vidas humanas?

Los errores informáticos más graves de la historia no se miden en dinero, sino en personas. El caso del Therac-25 es el más estudiado en bioética y seguridad del software. Este sistema de radioterapia, fabricado por Atomic Energy of Canada Limited, causó al menos seis sobredosis de radiación entre 1985 y 1987, tres de ellas mortales. El problema estaba en condiciones de carrera en el software: si el operador escribía demasiado rápido, el sistema podía administrar una dosis cientos de veces superior a la prevista sin mostrar ninguna alerta visible.

Lo que hace del Therac-25 un caso especialmente perturbador es que los ingenieros recibieron informes de fallos, pero los descartaron porque en las pruebas no conseguían reproducirlos. Los operadores que notificaban los problemas fueron ignorados durante meses. El código había sido adaptado de versiones anteriores del sistema, que sí tenían salvaguardas físicas, pero estas se eliminaron en el Therac-25 confiando en que el software sería suficiente.

El colapso del sistema informático del Hospital Universitario de Düsseldorf en septiembre de 2020 también abrió un debate similar. Un ataque de ransomware dejó los sistemas del hospital inoperativos durante semanas, y una paciente que necesitaba atención urgente tuvo que ser trasladada a otro centro. Murió durante el traslado. La fiscalía alemana investigó si el ataque había causado la muerte, aunque finalmente no pudo establecerse una relación causal directa. El incidente demostró que la seguridad informática de los hospitales es, literalmente, una cuestión de vida o muerte. El mercado de datos médicos y la fragilidad de los sistemas de salud son dos conversaciones que van más unidas de lo que parece.

¿Puede un error de unidades hundir una misión espacial?

Sí, y ocurrió. La sonda Mars Climate Orbiter de la NASA se perdió en septiembre de 1999 por una confusión entre el sistema métrico y el sistema imperial. Lockheed Martin entregó datos en libras-fuerza por segundo cuando la NASA esperaba recibirlos en newtons por segundo. El resultado fue que la sonda entró en la atmósfera marciana en un ángulo incorrecto y se desintegró. El coste total de la misión fue de 327 millones de dólares.

El informe de investigación de la NASA fue especialmente duro: el error no era el único problema. Los equipos de navegación habían detectado anomalías durante los meses de trayecto hacia Marte, pero los avisos no escalaron correctamente por los canales de comunicación. El fallo técnico fue una conversión de unidades; el fallo organizativo fue que nadie paró a investigar por qué los datos no cuadraban.

Este tipo de errores suena absurdo desde fuera, pero dentro de proyectos con decenas de equipos trabajando en paralelo y bajo presión de plazos, la coordinación falla más de lo que se admite públicamente. No es el único caso de la NASA: el Mars Polar Lander se perdió el mismo año, también por un error de software en los sensores de aterrizaje.

¿Qué pasó con el bug del año 2000?

El bug del año 2000, conocido como Y2K, fue real aunque sus consecuencias fueron menores de lo que muchos temían, en parte porque se invirtieron entre 300.000 y 600.000 millones de dólares en solucionarlo durante los años previos. El problema original era sencillo: los programadores de las décadas de 1960 y 1970 guardaban los años con solo dos dígitos para ahorrar memoria, algo razonable entonces. Cuando llegó el año 2000, muchos sistemas habrían interpretado «00» como 1900.

Los críticos que dicen que Y2K fue un fraude o una exageración suelen pasar por alto ese gasto masivo de corrección previa. Los sistemas que no se actualizaron sí fallaron: una planta nuclear en Japón registró errores en sus sistemas de monitorización, varios hospitales experimentaron problemas con equipos médicos y algunos sistemas de facturación generaron cargos erróneos. Nada catastrófico a escala global, pero prueba de que el riesgo era real. Este tipo de historia encaja bien con lo que contamos al analizar tecnologías que parecían conspiraciones y resultaron ser reales: a veces la realidad es más complicada que el titular.

Lo que Y2K sí demostró es que el software heredado, ese código que lleva décadas funcionando en sistemas críticos sin que nadie lo toque, acumula una deuda técnica enorme. Esa deuda no desapareció en el año 2000: se ha ido ampliando desde entonces en sistemas bancarios, administrativos y de infraestructuras.

Los fallos que cambiaron cómo se programa

El error del Therac-25 cambió la forma en que la industria entiende la seguridad del software médico. El informe de Nancy Leveson y Clark Turner, publicado en 1993, se convirtió en lectura obligatoria en escuelas de ingeniería de todo el mundo y estableció principios que hoy se aplican en sistemas críticos: redundancia, trazabilidad, y la obligación de no eliminar salvaguardas físicas al pasar a control digital.

El fallo de Knight Capital Group aceleró la regulación de los algoritmos de trading de alta frecuencia. La SEC americana y otros organismos reguladores empezaron a exigir cortafuegos y límites automáticos de operación precisamente porque quedó claro que un software mal actualizado podía hundir una empresa en menos tiempo del que tarda un humano en reaccionar. El papel de los algoritmos en decisiones económicas lleva años siendo objeto de escrutinio regulatorio por casos como este.

El desastre del Ariane 5 condujo a cambios profundos en cómo la ESA gestiona la reutilización de código. Reutilizar software de un sistema anterior parece eficiente, pero solo lo es si se verifica que las condiciones de operación son las mismas. Desde ese fallo, la agencia adoptó metodologías de verificación formal que van más allá de las pruebas tradicionales.

El error tipográfico de Amazon Web Services de 2017 llevó a la empresa a implementar herramientas que limitan cuántos servidores puede borrar un ingeniero en un solo comando, independientemente de lo que escriba. Una restricción sencilla que habría evitado horas de caída global. Los mejores sistemas no confían en que nadie cometa errores: asumen que alguien los cometerá y construyen barreras para que las consecuencias sean manejables.

En materia de contraseñas y accesos, los errores también han dejado rastro. Muchos de los grandes fallos de seguridad de las últimas décadas empezaron con credenciales débiles o sistemas de autenticación anticuados, algo que la industria ha ido corrigiendo lentamente. La historia de las contraseñas y su evolución muestra cuánto tiempo llevó tomarse en serio algo que parecía secundario.

Más allá de los casos famosos, hay una categoría de errores que rara vez salen en los titulares: los fallos en sistemas de gestión de datos personales que exponen información de millones de personas. Cuando una empresa que almacena esos datos cierra o es absorbida, el riesgo no desaparece. Lo que les pasa a tus datos cuando una empresa quiebra es una consecuencia directa de décadas de software mal diseñado y contratos de privacidad escritos para proteger a las empresas, no a los usuarios.

También hay errores que afectan a la confianza antes que al dinero. Los sistemas de seguridad informática tienen mitos que persisten porque nadie los desmonta con datos, y eso hace que usuarios y organizaciones tomen decisiones basadas en percepciones equivocadas. Los mitos más repetidos sobre ciberseguridad tienen consecuencias prácticas: empresas que no parchean, usuarios que reutilizan contraseñas, administradores que confunden complejidad con seguridad.

¿Seguiremos cometiendo los mismos errores dentro de veinte años?

La pregunta incómoda no es por qué fallaron los sistemas del pasado, sino por qué seguimos repitiendo los mismos patrones. El software heredado sigue corriendo en infraestructuras críticas. Los plazos de entrega siguen ganando la batalla a los procesos de verificación. Los avisos de los ingenieros siguen perdiéndose en jerarquías organizativas que priorizan el resultado sobre el riesgo. Cada generación de tecnología trae sus propios errores específicos, pero la estructura del fallo tiende a ser la misma: alguien sabía que algo podía salir mal y no tenía autoridad, tiempo o incentivos para pararlo.

Con la inteligencia artificial tomando decisiones en medicina, finanzas y logística, la escala potencial de los errores crece. Un modelo mal entrenado o mal desplegado no falla una vez: falla sistemáticamente, en cada decisión que toma, antes de que nadie detecte el patrón. Los errores informáticos del futuro pueden no parecerse a los del pasado, pero probablemente tendrán el mismo origen: la confianza excesiva en que el sistema funciona porque hasta ahora ha funcionado.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el error informático más caro de la historia?

Depende de cómo se mida el coste. Si hablamos de impacto económico directo en un tiempo mínimo, el fallo de Knight Capital Group en 2012 (440 millones de dólares en 45 minutos) es difícil de superar. Si se cuenta el coste total de corrección preventiva, el bug del año 2000 implicó cientos de miles de millones de dólares a escala global antes de que ocurriera ningún desastre.

¿Es cierto que el Ariane 5 se destruyó por un error de programación?

Sí, está documentado. El cohete Ariane 5 se autodestruyó en su vuelo inaugural en 1996 por un desbordamiento de datos: el software intentó convertir un número demasiado grande a un formato que no lo admitía. El código había funcionado sin problemas en el Ariane 4, pero el Ariane 5 generaba valores distintos que nunca se verificaron. La pérdida fue de unos 370 millones de dólares.

¿Qué es el software heredado y por qué es peligroso?

El software heredado, también llamado legacy software, es código antiguo que sigue funcionando en sistemas actuales porque nadie ha querido o podido reemplazarlo. El peligro está en que fue escrito para condiciones que ya no existen, suele carecer de documentación actualizada y acumula décadas de parches encima de parches. Muchos sistemas bancarios, administrativos y de infraestructuras críticas dependen de él.

¿Cómo puede un error tipográfico costar millones?

Cuando el error ocurre en un sistema crítico sin suficientes controles, las consecuencias se multiplican rápidamente. El caso de Amazon Web Services en 2017 lo ilustra: un ingeniero escribió mal un comando de mantenimiento y borró más servidores de los necesarios, dejando sin servicio a miles de empresas durante horas. Las pérdidas para las compañías afectadas se estimaron en decenas de millones de dólares.

¿Los errores informáticos han causado muertes reales?

Sí. El caso más estudiado es el del Therac-25, un sistema de radioterapia que entre 1985 y 1987 causó al menos tres muertes por sobredosis de radiación debidas a un fallo de software. También hay incidentes en hospitales relacionados con ciberataques que interrumpieron la atención médica, aunque en esos casos establecer causalidad directa es más difícil desde el punto de vista legal.

¿Se puede evitar completamente que el software falle?

No existe software complejo libre de errores, y los ingenieros lo saben. La industria trabaja con el principio de minimizar fallos y limitar su impacto, no de eliminarlos por completo. Las metodologías de verificación formal, los sistemas de redundancia y los límites automáticos de operación están diseñados para que cuando algo falle, las consecuencias sean contenidas y reversibles.