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La tecnología de los estadios: cómo el deporte en vivo se convirtió en un experimento

Los estadios de hoy no se parecen casi nada a los de hace veinte años. La tecnología ha reescrito la experiencia de asistir a un evento deportivo desde el suelo hasta las pantallas, desde la entrada hasta el vestuario, y la persona que compra una entrada no siempre sabe que forma parte de algo que va mucho más allá del partido. La estadios tecnología experiencia es hoy una industria propia, con inversiones millonarias, patentes y una cantidad de datos personales recogidos que pocos espectadores han llegado a calcular.

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El Levi’s Stadium de San Francisco, casa de los San Francisco 49ers, fue uno de los primeros en presumir de ser el recinto deportivo más conectado del mundo cuando abrió en 2014. Desde entonces, la carrera no ha parado. El SoFi Stadium de Los Ángeles costó más de 5.000 millones de dólares y lleva integrado un sistema de conectividad capaz de gestionar decenas de miles de conexiones simultáneas. En Europa, el Tottenham Hotspur Stadium de Londres instaló una infraestructura tecnológica que incluye reconocimiento facial, pagos sin efectivo y un sistema de sonido diseñado para que cada asiento reciba la misma calidad acústica. El deporte en vivo se ha convertido en un banco de pruebas.

¿Qué tecnologías llevan ya los grandes estadios?

Los grandes estadios actuales funcionan como ciudades en miniatura con su propia red de datos. El reconocimiento facial está operativo en recintos como el Paycor Stadium de Cincinnati o el AT&T Stadium de Arlington, Texas, donde se usa tanto para el acceso al recinto como para identificar a personas en listas de exclusión por motivos de seguridad. La empresa Wicket, especializada en biometría facial para eventos deportivos, trabaja ya con varios equipos de la NFL y la NHL. No es un proyecto piloto: es infraestructura desplegada.

Los sistemas de pago sin efectivo llegaron con fuerza durante la pandemia y ya no se han ido. Más del 90% de los estadios de la NFL han eliminado el efectivo como opción de pago, según datos de 2023. Eso significa que cada transacción queda registrada: qué compraste, cuándo, en qué puesto, cuántas veces fuiste al baño entre tanto. El perfil de comportamiento de un aficionado dentro de un estadio moderno es sorprendentemente detallado.

Las pantallas gigantes han evolucionado también. El videomarcador del Allegiant Stadium de Las Vegas tiene más de 100 metros de longitud y ofrece resolución 4K. Pero la pantalla ya no es solo para ver la jugada repetida: es un canal publicitario hiperpersonalizable que puede mostrar mensajes distintos según la sección del estadio que la esté mirando. La segmentación publicitaria ha entrado en el mundo físico, y el estadio es uno de sus primeros laboratorios.

Todo esto encaja con un cambio más amplio en el diseño invisible que ya nos rodea: la tecnología más poderosa es la que no se ve, la que funciona sin que el usuario tenga que hacer nada.

¿Qué datos recoge un estadio sobre los aficionados?

Un estadio moderno puede recoger más información sobre ti en tres horas que muchas aplicaciones en semanas. Las cámaras de reconocimiento facial capturan tu imagen desde que cruzas el aparcamiento. Los sensores de movimiento registran tus desplazamientos por el recinto. Las apps oficiales de los equipos, que muchos aficionados descargan para ver las repeticiones en el móvil o pedir comida desde el asiento, tienen acceso a tu ubicación, tus contactos y tu historial de compras si aceptas los permisos sin leerlos.

La empresa Legends, que gestiona la experiencia de estadio para el Real Madrid en el Santiago Bernabéu reformado, ha diseñado un sistema en el que la app del estadio puede guiarte hasta tu asiento, sugerirte qué comer según tus preferencias previas y notificarte cuando la cola del baño más cercano baja de cinco personas. Cada interacción con esa app genera datos que quedan en poder del club y de sus socios comerciales.

El Santiago Bernabéu, tras su remodelación completada en 2023, es probablemente el estadio europeo con la infraestructura tecnológica más ambiciosa del continente. Tiene más de 2.500 kilómetros de fibra óptica instalada, pantallas LED en prácticamente todas las superficies del anillo exterior y un sistema de sonido envolvente que cubre cada rincón del recinto. También tiene sensores de calidad del aire, contadores de aforo en tiempo real y conectividad 5G propia. Todo eso produce datos. Muchos datos.

La pregunta sobre quién tiene acceso a esa información y con qué fines rara vez aparece en los titulares sobre el estadio del futuro. Merece estar ahí, especialmente cuando las versiones de ti que existen en internet ya son más de las que cualquiera puede controlar.

¿Mejora realmente la tecnología la experiencia del espectador?

Depende de a quién le preguntes, y de cuánto haya pagado por su entrada. La tecnología en los estadios no llega igual a todos los asientos. Las zonas premium, los palcos y las áreas VIP concentran la mayor parte de las innovaciones: asientos con pantallas individuales, camareros con tablets para pedir sin levantarse, servicios de concierge digital. El aficionado de tribuna lateral sigue con las mismas vistas de siempre y quizá una conexión WiFi algo mejor que hace diez años.

Hay mejoras reales y medibles. Las apps de navegación interior reducen el tiempo que un espectador pasa buscando su asiento o la salida correcta. Los sistemas de gestión de colas en los accesos han reducido los atascos en los torniquetes de entrada en recintos como el Tottenham Hotspur Stadium, donde el sistema de ticketing facial permite entrar sin sacar el móvil. La comodidad operativa existe, y es genuina.

Pero hay otra cara. La sobreestimulación tecnológica puede quitarle algo al partido: el silencio tenso antes de un penalti, la concentración colectiva, esa sensación de estar viviendo algo irrepetible. Cuando tienes una pantalla individual delante que te ofrece repeticiones, estadísticas en tiempo real y publicidad personalizada, el partido puede convertirse en un producto de consumo más que en un evento compartido. Algunos aficionados lo valoran; otros empiezan a echar de menos algo que no saben del todo nombrar. El impacto de las pantallas en cómo procesamos lo que vivimos es un terreno que todavía estamos aprendiendo a leer.

Los datos de asistencia tampoco ayudan a hacer un diagnóstico simple. La NBA registró en la temporada 2022-2023 cifras récord de asistencia desde hace décadas, con más de 22 millones de espectadores en total. La Premier League lleva años con una ocupación media por encima del 96%. La gente sigue yendo. Pero no está claro si van por la tecnología o a pesar de ella.

¿Qué papel juegan los clubes y las ligas en este experimento?

Los clubes de fútbol y las franquicias deportivas norteamericanas no son solo equipos: son empresas de entretenimiento que compiten por el tiempo de atención de las personas con plataformas de streaming, videojuegos y redes sociales. El estadio es su producto más caro y el que más necesitan justificar. Una entrada para ver al Real Madrid en el Bernabéu puede costar entre 50 y varios cientos de euros. Para que eso tenga sentido frente a ver el partido en casa con una televisión de 65 pulgadas, la experiencia presencial tiene que ofrecer algo distinto.

Ahí entra la tecnología como argumento de venta. La NFL lleva años invirtiendo en el concepto “stadium of the future” con sus equipos, ofreciendo financiación y asesoría técnica a franquicias que quieran modernizar sus recintos. La Liga española firmó en 2022 un acuerdo con Microsoft para digitalizar la experiencia en varios estadios. La Fórmula 1, bajo la gestión de Liberty Media desde 2017, ha convertido la tecnología en parte de su relato de marca: datos en pantalla, aplicaciones con telemetría en tiempo real, contenido exclusivo para suscriptores.

Las ligas también monetizan los datos que recogen los estadios. La información agregada sobre comportamiento de aficionados tiene valor para patrocinadores, marcas deportivas y empresas de marketing. Un club que sabe que el 40% de sus espectadores de entre 25 y 35 años compra en el puesto de cerveza durante el descanso tiene algo que vender a una marca de bebidas. La transacción no es solo la entrada: es también tu perfil.

Esto conecta con un debate más amplio sobre quién sabe realmente cómo funciona la tecnología que usa y quién simplemente la acepta porque no queda otro remedio.

Inteligencia artificial dentro del campo

La tecnología de los estadios no se queda en las gradas. La inteligencia artificial ya influye en la toma de decisiones dentro del juego. El VAR (Video Assistant Referee) es el ejemplo más conocido en el fútbol, pero hay más capas debajo. Empresas como Stats Perform y Second Spectrum procesan en tiempo real los datos de posicionamiento de todos los jugadores mediante cámaras de seguimiento instaladas en el estadio. Los entrenadores reciben esa información en tablets durante el partido.

En la NBA, la tecnología de seguimiento de Second Spectrum es oficial desde 2017. Cada estadio de la liga tiene cámaras que capturan 25 fotogramas por segundo de todos los jugadores y el balón, generando alrededor de 3 millones de puntos de datos por partido. Esa información alimenta las estadísticas avanzadas que usan los equipos para sus decisiones tácticas, pero también los modelos de apuestas deportivas y los sistemas de fantasy sports.

El uso de IA para la retransmisión también avanza. LaLiga española usa sistemas automatizados de cámara en partidos de Segunda División y categorías inferiores, donde no hay presupuesto para un equipo de realización completo. La cámara sigue el balón y cambia de plano sin intervención humana. El resultado es funcional, aunque cualquiera que lo haya visto reconoce que algo falta cuando una pantalla decide qué merece atención.

Para los aficionados más jóvenes, que llevan años construyendo una relación con la tecnología que las generaciones anteriores no pueden imaginar, todo esto probablemente parezca normal. Para otros, la pregunta es si el partido que ven es todavía el mismo.

¿Hay aficionados que prefieren los estadios sin tanta tecnología?

Los hay, y no son pocos. En el Reino Unido existe una corriente creciente de resistencia al cashless en los estadios, especialmente entre aficionados mayores que se sienten excluidos cuando el único modo de pagar una cerveza es con el móvil. En 2023, varios clubs de la Premier League recibieron quejas formales por parte de grupos de aficionados que señalaban que la eliminación del efectivo discriminaba a personas mayores y a quienes no tienen smartphone o tarjeta de crédito.

La tecnología en los estadios tiene una brecha generacional visible. El aficionado de 65 años que lleva treinta temporadas con su abono no siempre quiere descargar una app para saber dónde está su asiento. Y tiene razón en que no debería necesitarla. El problema es que los estadios no se diseñan pensando en él: se diseñan pensando en el espectador de entre 25 y 40 años con smartphone, tarjeta de crédito y ganas de compartir la experiencia en redes sociales.

Hay recintos que van en sentido contrario. Algunos estadios de cricket en Inglaterra han apostado por mantener los puestos de efectivo y reducir la complejidad digital en las zonas más tradicionales del recinto. El Fenway Park de Boston, uno de los estadios más antiguos de la MLB con más de cien años de historia, ha integrado tecnología de forma gradual y conservando gran parte de su identidad analógica. No todo tiene que ser pantallas.

La paradoja de la tecnología y la conexión humana aparece también aquí: más herramientas para conectar, y a veces menos sensación de pertenecer a algo colectivo.

¿Y si el estadio del futuro hace que el estadio real importe menos?

Hay una pregunta que los clubs evitan pero que flota en cada presentación de un nuevo estadio tecnológico: si la experiencia en casa mejora continuamente gracias a pantallas más grandes, sonido envolvente, retransmisiones con múltiples cámaras y estadísticas en tiempo real, ¿en qué momento deja de merecer la pena el desplazamiento, la cola, el precio de la entrada y la cerveza a ocho euros?

La tecnología de los estadios intenta responder a esa pregunta con más tecnología. Pero lo que hace único al deporte en vivo nunca ha sido la pantalla: es la presencia física de miles de personas compartiendo el mismo momento sin saber cómo va a terminar. Eso no tiene app. Y cuando los estadios lo olvidan, cuando priorizan el espectáculo digital sobre la experiencia colectiva, algo se pierde que es difícil de medir en datos pero que los aficionados notan.

La pregunta real no es si los estadios deben tener tecnología. Claro que sí, y muchas de las mejoras son bienvenidas. La pregunta es quién decide hasta dónde llega, con qué datos se queda y a quién sirve realmente todo ese despliegue. El experimento lleva años en marcha y los espectadores son sus sujetos, aunque la mayoría no hayan firmado ningún consentimiento informado.

En el fondo, se trata de lo mismo que vivir sin smartphone en 2027 ya empieza a revelar: cada espacio que se digitaliza cobra un peaje que no siempre aparece en el precio de la entrada.

¿Llegará el día en que el estadio físico sea solo una excusa para el estadio digital?

La Fórmula 1 ya vende experiencias de realidad aumentada que permiten ver la carrera con telemetría superpuesta desde las gradas. La NBA experimenta con retransmisiones en realidad virtual que prometen “estar en el estadio” desde el sofá. Varias ligas de esports tienen estadios físicos diseñados específicamente para retransmitir lo que ocurre en pantallas. El estadio como lugar, como espacio físico con historia y con olor a hierba mojada, está compitiendo con una versión de sí mismo que no existe en ningún lugar concreto.

Nadie sabe todavía cómo termina esto. Pero la dirección es bastante clara, y merece la pena preguntarse si nos gusta adónde va.

Preguntas frecuentes

¿Qué datos personales recoge un estadio moderno de los espectadores?

Un estadio con tecnología avanzada puede recoger datos biométricos mediante reconocimiento facial, registros de movimiento dentro del recinto, historial de compras si se paga sin efectivo y datos de comportamiento a través de la app oficial del club. Toda esa información queda en manos del club y, habitualmente, de sus socios comerciales y patrocinadores, aunque los términos varían según el recinto y el país.

¿El reconocimiento facial en estadios es legal en Europa?

El uso de reconocimiento facial biométrico en espacios públicos está sometido al Reglamento General de Protección de Datos de la UE y, desde 2024, al AI Act europeo, que lo clasifica como tecnología de alto riesgo. Su uso en estadios requiere una base legal explícita y, en muchos casos, el consentimiento expreso del aficionado. La aplicación real varía entre países y su control por parte de las autoridades sigue siendo desigual.

¿Qué estadio europeo tiene la tecnología más avanzada?

El Santiago Bernabéu, tras su remodelación completada en 2023, es uno de los candidatos más claros: cuenta con más de 2.500 kilómetros de fibra óptica, conectividad 5G propia, pantallas LED en el anillo exterior y un sistema de gestión de datos gestionado junto a la empresa Legends. El Tottenham Hotspur Stadium de Londres también compite en ese ranking con reconocimiento facial para acceso y pagos completamente cashless.

¿La eliminación del efectivo en los estadios es obligatoria para los aficionados?

No es obligatoria por ley, pero en la práctica muchos recintos no ofrecen alternativa. Varios grupos de aficionados en el Reino Unido han denunciado que esta política excluye a personas mayores y a quienes no tienen smartphone o tarjeta bancaria. Algunos clubs han reintroducido puntos de pago en efectivo en ciertas zonas tras las quejas, aunque la tendencia general del sector sigue apuntando hacia la eliminación completa del dinero físico.

¿El VAR y los sistemas de análisis de datos cambian realmente el resultado de los partidos?

El VAR sí ha cambiado decisiones arbitrales en partidos concretos, con casos documentados en los que el resultado final habría sido diferente sin su intervención. Los sistemas de análisis de datos como los de Stats Perform o Second Spectrum influyen en las decisiones tácticas de los entrenadores, aunque su impacto directo en resultados es difícil de aislar porque depende de cómo cada equipo interpreta y aplica esa información.

¿Ver el deporte en casa acabará siendo mejor que ir al estadio?

La experiencia en casa mejora constantemente en términos técnicos: pantallas más grandes, múltiples ángulos de cámara, estadísticas en tiempo real. Pero el deporte en vivo ofrece algo que ninguna pantalla replica: la presencia física colectiva y la incertidumbre compartida. Los datos de asistencia en ligas como la NBA o la Premier League no muestran caída por ahora, aunque el precio de las entradas y la calidad de la retransmisión doméstica siguen presionando el equilibrio.