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Internet se esta partiendo en trozos y nadie lo va a impedir

La fragmentación de internet y el splinternet llevan años gestándose en silencio, pero en 2025 ya no hace falta buscarlos demasiado para tropezar con ellos. Lo que nació como una red global, abierta y sin fronteras, se está fracturando en pedazos que cada vez se parecen menos entre sí. No es una metáfora. Es un proceso técnico, político y económico que está redibujando el mapa digital del planeta, y lo más inquietante es que muy poca gente lo está mirando de frente.

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Qué es el splinternet y por qué deberías preocuparte

El término splinternet es una contracción de split (dividir) e internet. La idea es sencilla: en lugar de una red mundial que funcione igual para todos, estamos caminando hacia múltiples internets paralelas, separadas por fronteras geográficas, regulaciones nacionales, intereses corporativos y decisiones políticas.

No es ciencia ficción. Ya existen versiones nacionales de internet que poco tienen que ver con lo que usas tú cada día.

China tiene el Gran Cortafuegos desde los años noventa. Rusia lleva años construyendo su Runet, una red paralela capaz de funcionar desconectada del resto del mundo. Irán tiene su SHOMA, la red nacional de información. Y estos son solo los ejemplos más obvios. La fragmentación no es una amenaza futura: ya está ocurriendo.

Las tres fuerzas que están rompiendo internet

Si tuviéramos que resumir por qué se está produciendo esta ruptura, podríamos señalar tres grandes motores. No actúan por separado: se retroalimentan y se aceleran mutuamente.

1. Los gobiernos y el control de la información

El impulso más visible viene de los estados que quieren controlar qué ven sus ciudadanos y, sobre todo, qué no ven. China es el caso más estudiado, pero no el único. Más de cuarenta países han bloqueado redes sociales o servicios de internet en algún momento de la última década, según datos de Freedom House.

Russia aprobó en 2019 la llamada «Ley de Internet Soberana», que obliga a los proveedores de acceso a instalar equipos que permiten al gobierno redirigir o cortar el tráfico de red. Lo usaron durante las protestas de 2022. Y lo seguirán usando.

El argumento que esgrimen estos gobiernos suele mezclar soberanía digital, seguridad nacional y protección cultural. Algunos de esos argumentos tienen parte de razón. Pero el efecto práctico es que lo que puedes leer, ver o publicar depende de dónde hayas nacido, no de lo que quieras buscar.

2. Las regulaciones divergentes

No todos los que fragmentan internet lo hacen con vocación autoritaria. Europa, con el RGPD, la Ley de Servicios Digitales o la Ley de IA, está construyendo un modelo digital propio que choca frontalmente con el enfoque estadounidense o el chino. Son reglas distintas, con valores distintos, aplicadas a las mismas plataformas globales.

¿El resultado? Las empresas tecnológicas empiezan a diseñar productos y servicios diferenciados por región. Lo que una plataforma puede hacer contigo en California no es lo que puede hacerte en Berlín. Y eso, sumado, acaba produciendo experiencias de internet radicalmente distintas según tu pasaporte.

Esto conecta directamente con debates que ya estamos viendo en sectores como el de los asistentes de voz, donde la IA generativa está transformando nuestras conversaciones de maneras que varían enormemente según la jurisdicción en la que vives.

3. Los intereses corporativos

Las grandes tecnológicas también tienen su parte en este proceso, aunque a veces resulte menos obvio. Las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China han llevado a que empresas como Google, Meta o Amazon estén prácticamente ausentes del mercado chino, mientras que TikTok, Huawei o Alibaba se enfrentan a restricciones crecientes en Occidente.

Cuando los ecosistemas tecnológicos se separan, los usuarios quedan atrapados en burbujas digitales nacionales sin posibilidad real de salir. Las aplicaciones que usas, los servicios en la nube donde se almacenan tus datos, los algoritmos que deciden qué ves: todo empieza a depender de en qué lado de la brecha digital hayas caído.

El mapa del splinternet hoy

Para entender la escala de lo que está pasando, ayuda hacer un repaso geográfico rápido.

  • China: el Gran Cortafuegos bloquea Google, YouTube, Facebook, Twitter, Wikipedia y miles de sitios más. En su lugar, hay equivalentes locales controlados por empresas chinas sujetas a la ley nacional.
  • Rusia: desde la invasión de Ucrania, el bloqueo de servicios occidentales se ha acelerado. Instagram, Facebook y muchas VPNs están bloqueadas. El Runet está en construcción activa.
  • Irán: bloqueos masivos y una red nacional que el gobierno puede activar para sustituir al internet global en momentos de crisis política.
  • India: ha apagado internet más veces que ningún otro país democrático del mundo. Más de 500 veces en los últimos años, según datos del grupo Access Now.
  • Turquía, Nigeria, Etiopía, Venezuela: bloqueos selectivos y episódicos que se activan en momentos de tensión social o electoral.

Y luego está el modelo europeo, que no bloquea contenidos pero sí impone requisitos tan exigentes que muchas plataformas pequeñas simplemente deciden no operar en la UE antes que asumir el coste de cumplimiento. El efecto es diferente, pero también fragmenta.

¿Es posible medir la fragmentación?

Aquí es donde las cosas se complican. La fragmentación de internet no es fácil de cuantificar porque no hay un momento concreto en que algo «se rompe». Es un proceso gradual, casi invisible, que se acumula en decisiones técnicas, legales y políticas que nadie vota en ningún referéndum.

Organizaciones como Freedom House, Access Now o el Digital Rights Tracker intentan mapear el estado de la red global cada año. Sus informes muestran una tendencia sostenida: la libertad en internet lleva más de una década retrocediendo de forma consecutiva.

La pregunta no es si la fragmentación está ocurriendo. La pregunta es a qué velocidad y hasta qué punto podemos considerarla ya irreversible.

Algunos investigadores señalan que los propios protocolos técnicos de internet, diseñados para ser descentralizados y resistentes a la censura, están siendo sustituidos por arquitecturas más centralizadas y controlables. La nube, las CDN, los grandes puntos de intercambio de tráfico: todo tiende a concentrarse. Y donde hay concentración, hay puntos de control.

El splinternet y la inteligencia artificial: una combinación peligrosa

Si la fragmentación de internet ya plantea problemas serios, la combinación con el auge de la inteligencia artificial los multiplica exponencialmente.

Los modelos de lenguaje se entrenan con datos. Y los datos que están disponibles en China, en Rusia o en la Unión Europea son distintos, están filtrados de manera diferente y reflejan visiones del mundo que divergen de forma creciente. Eso significa que los sistemas de IA que usarás tú no serán los mismos que usará alguien en Shanghái, y no solo en idioma o interfaz, sino en los valores, sesgos y conocimientos que llevan dentro.

Ya estamos viendo atisbos de esto. Modelos desarrollados en China priorizan narrativas que se alinean con la visión oficial del partido. Modelos europeos están siendo diseñados bajo restricciones regulatorias que sus equivalentes americanos no tienen. Los modelos de razonamiento más avanzados se entrenan con conjuntos de datos que reflejan las decisiones políticas de sus creadores tanto como sus capacidades técnicas.

No hace falta que nadie lo planifique explícitamente. Basta con que los sistemas de control de contenidos, las leyes locales y los intereses nacionales moldeen el ecosistema de datos disponible. La fragmentación digital produce, inevitablemente, fragmentación cognitiva.

Las consecuencias para las personas de a pie

Todo esto suena muy abstracto hasta que lo aterrizas en lo cotidiano. ¿Qué significa la fragmentación de internet para alguien que simplemente quiere conectarse, trabajar y comunicarse?

Significa que si viajas a determinados países, tus aplicaciones habituales dejan de funcionar. Significa que si eres periodista, investigador o activista, el acceso a información depende de cuántas capas de censura técnica tengas que sortear. Significa que las startups y negocios digitales tienen que diseñar productos distintos para mercados distintos, multiplicando costes y complejidad. Significa que el sueño de una aldea global digital se convierte en un archipiélago de islas que se comunican cada vez menos.

Y significa algo quizá más profundo: que la idea de que internet era una herramienta neutral, un espacio común de la humanidad, era en parte una ilusión que nunca estuvo completamente garantizada.

Esto tiene eco en debates más amplios sobre cómo la tecnología remodela lo que somos. Igual que ya vimos con comunidades que modifican su propio cuerpo para adaptarse a un mundo tecnológico, quizá la fragmentación digital también nos obliga a preguntarnos qué significa ser ciudadano en un internet que ya no es uno solo.

¿Tiene solución el splinternet?

Las respuestas técnicas existen, al menos parcialmente. Las VPN, el navegador Tor, los protocolos descentralizados como el que usa la blockchain o las redes mesh son herramientas que permiten saltar algunas barreras. Pero son soluciones de nicho, accesibles solo para quienes tienen conocimientos técnicos y tiempo para usarlas. No son una solución global para mil millones de personas.

Las respuestas políticas son más complicadas. La gobernanza de internet ha sido históricamente un campo de batalla entre quienes quieren mantenerla abierta y descentralizada (modelo multistakeholder liderado por organismos como ICANN) y quienes prefieren un modelo de control estatal negociado en foros intergubernamentales como la UIT de la ONU. Esa batalla lleva décadas sin resolverse y las posiciones se están endureciendo, no suavizando.

Algunos académicos proponen marcos de interoperabilidad regulada: estándares mínimos que permitan a las diferentes internets nacionales seguir comunicándose sin necesidad de uniformidad total. Es una idea pragmática, pero requiere un nivel de cooperación geopolítica que ahora mismo parece casi utópico.

Y luego está la posibilidad de que la computación cuántica cambie las reglas del juego a medio plazo. Si las comunicaciones cuánticas permiten cifrados inviolables, las barreras estatales pueden volverse técnicamente superables para cualquiera. Pero ese escenario está más lejos de lo que a veces se presenta, como ya analizamos cuando repasamos cómo la computación cuántica está transformando la tecnología.

Lo que sí parece claro es que el modelo técnico original de internet no era suficientemente resistente a la presión política y económica. Sus creadores diseñaron un sistema capaz de sobrevivir a un ataque nuclear, pero no previeron treinta años de regulación nacional, intereses corporativos y autoritarismo digital acumulados.

Mirando hacia dónde vamos, resulta tentador pensar en el futuro de las interfaces digitales, los dispositivos y la manera en que accederemos a la red. Pero mientras los smartphones plegables prometen revolucionar el hardware, la pregunta real es a qué internet nos conectarán esos dispositivos y desde qué lado de la fractura lo harán.

Cuando internet deja de ser una sola cosa, ¿qué queda de la idea de mundo conectado?

Durante décadas, «internet» fue sinónimo de apertura, de acceso universal, de la posibilidad de que cualquier persona en cualquier rincón del planeta pudiera acceder al mismo espacio de conocimiento y comunicación. Esa promesa nunca fue perfecta, pero al menos era la dirección en la que se marchaba.

Hoy el vector se ha invertido. La fragmentación de internet y el splinternet no son un fallo del sistema: son, en muchos casos, el resultado buscado por actores con poder suficiente para construir sus propias versiones de la realidad digital.

La pregunta que queda en el aire no es técnica ni siquiera política, en el fondo. Es filosófica: si el espacio donde construimos conocimiento, nos comunicamos y tomamos decisiones colectivas se fragmenta en burbujas impermeables, ¿seguimos siendo, de algún modo, la misma humanidad hablando el mismo idioma digital? ¿O estamos ya al principio de algo que no tiene nombre todavía, pero que dentro de veinte años reconoceremos como el momento en que internet dejó de ser un nosotros?